En el marco del conflicto universitario, el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán, Mateo Martínez, expresó en LA GACETA su preocupación por la creciente crisis que atraviesan las casas de estudio y advirtió sobre un fenómeno inédito: el aumento sostenido de renuncias docentes.

“En el último año he visto tantas renuncias como en los 10 años previos”, afirmó el académico, al describir una situación que, según sostuvo, no responde únicamente a factores económicos, sino también a un clima de “destrato verbal y simbólico” hacia la universidad pública.

Martínez explicó que la UNT cuenta con alrededor de 10.000 trabajadores entre docentes y no docentes, lo que la convierte en una de las principales fuentes de empleo de la provincia. En ese contexto, utilizó una metáfora contundente para dimensionar el impacto del éxodo a nivel nacional. “La migración de 10.000 docentes es como cerrar 20 ingenios”, comparó, en alusión al peso histórico de la industria azucarera en Tucumán.

El decano remarcó que muchas de las renuncias no se vinculan con jubilaciones ni cuestiones de salud, sino con el desgaste acumulado. “Me cansé”, dijo que le repiten colegas que abandonan la docencia tras años de formación. Según detalló, se trata en muchos casos de profesionales altamente calificados que migran al sector privado o al exterior en busca de mejores condiciones.

En cuanto a los salarios, describió una situación crítica: un jefe de trabajos prácticos con dedicación simple percibe poco más de $200.000, mientras que un profesor titular con dedicación exclusiva apenas supera el $1.500.000. “No se puede vivir con esas cifras”, advirtió.

MARCHA FEDERAL UNIVERSITARIA. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

Para Martínez, el problema trasciende lo salarial. “La universidad no es una fábrica de capital humano, es un motor de desarrollo humano”, sostuvo, al enfatizar el rol estratégico de la educación pública en la generación de conocimiento y en la mejora de la calidad de vida.

El impacto de la crisis, según explicó, ya se refleja en el funcionamiento cotidiano. La falta de docentes obliga a recargar cátedras y aumenta la cantidad de alumnos por clase, lo que afecta directamente la calidad educativa. En carreras como Medicina, alertó, esto representa un riesgo adicional. “No podemos garantizar la formación de profesionales sólidos si no hay condiciones adecuadas”.

También advirtió sobre consecuencias en términos de equidad: “El primero que abandona es el estudiante que menos recursos tiene”, indicó, al vincular la crisis universitaria con un aumento en la deserción.

Por último, el decano cuestionó las decisiones del Gobierno nacional en materia de financiamiento universitario y reclamó una respuesta institucional. “Se está desoyendo el reclamo de toda la comunidad universitaria”, afirmó, y llamó a sostener el diálogo democrático para revertir la situación.

“La universidad pública va donde hay una comunidad para desarrollar, no donde hay renta”, concluyó Martínez.